23 oct 2010

La vision de mi destino

  

He aquí que soy testigo de la grandeza del hombre, ante mi presencia se desvanecían cielo y
tierra dejando únicamente la capacidad del hombre para jugar a ser Dios.  Aquella monumental
edificaciónera un punto de referencia en la línea que define el horizonte de cualquier persona.
Era la representación física del espacio.
Dura y fría piedra que se alzaba acariciando ese cielo común a todos los hombres, la luz del sol
penetraba sus coloridas y complejas vidrieras llenando de belleza y calidez cada paso que daba
entre sus entrañas. La forma y la función cobraban sentido conforme se extendía su estructura,
nervada y de apariencia frágil, absurda casi surrealista, que con  el mero hecho de seguir alzada
representaba una constante y continua demostración de poderío.
No hay palabras en la lengua que describan cuanto veían mis ojos, pero el cálido silencio de su
interior bastaba para sentir y apreciar su esencia. Impulsivo, vibrante, magnifico, opulento,
tremendo, colosal… me hallaba en suelo sagrado y no sentí a Dios, me sentí Dios.

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